Esta semana se cumplió   un año desde que volvimos de un fascinante viaje por las Américas. En lugar de hacer el balance sobre nuestro viaje  nos parecía que debíamos hacer un balance sobre cada ser que conocimos, cada abrazo que nos regalaron, cada momento de charlas, cenas y caminatas, risas, lagrimas, momentos, solo momentos que se quedaran grabados en nuestro corazón.

Desde que nos embarcamos en aquel viaje desde la Patagonia allá por los inicios de 2015 hemos recibido la mejor onda de las personas que fuimos conociendo. Al momento de regresar queríamos hacer el agradecimiento y por un motivo u otro lo íbamos dejando en el tintero.

Haber andado 13 meses con nuestras mochilas no habría sido posible si muchos no nos hubieran ayudado a cargarlas de diferentes maneras: brindándonos alojamiento, compartiendo nuestras alegrías o preocupaciones, alentándonos, etc.

Nuestro mapa del viaje en principio se conformó con lugares o atractivos que nos invitaban a conocerlos y al regresar nos encontramos con que nuestro mapa viajero se llenó de personas valiosas y anónimas.

Esas personas las fuimos conociendo a través de otras, por causalidad (porque no creemos en las casualidades) y a algunos ya los conocíamos por ser viajeros o amigos de otra época.

Nuestro primer agradecimiento a nuestras familias y amigos de Argentina que estuvieron presentes a la distancia. A las familias amigas que nos recibieron en Buenos Aires.

Uruguay fue el primer país que nos acogió y nos trató de maravillas. Infinitas gracias a nuestros amigos viajeros Lore y Tau de Montevideo, nos cobijaron en su cálido hogar y nos dieron los primeros mimos viajeros. Era hermoso respirar esa atmósfera de sueños y de viajes.

Arturo de Montevideo fue nuestro amigo que nos llevó a pasear y a conocer uno de los lugares que más nos dejó: la Casa Pueblo del gran  Paez Vilaro en Punta Ballena, un artista uruguayo genial y un viajero con todas las letras. Haber visitado su casa es uno de esos regalos difíciles de olvidar.

Fabiana de Montevideo fue una de esas personitas que conocimos por causalidad un día que caminábamos por la ciudad y que siempre nos envió buenas vibras en el viaje.

En Buenos Aires, en un encuentro viajero  de la despedida de los Zapp en su viaje rumbo hacia áfrica, encontramos con esa bella familia, ese momento fue especial por el lindo encuentro con  Isa, Edu y Mafi, unos viajeros de la hostia que siempre se alegraron de los pasos que íbamos dando y con quienes compartimos todas sus alegrías también. Una de esas alegrías fue la llegada de su primer hijo.

Ya en Perú los amigos fueron aumentando. Cusco nos regaló una amiga de esas que valen la vida: Betty un ser que es puro corazón, generosa con los viajeros y con una luz que irradia allí donde ella esté.

Lima nos recibió con Marito, Gustavo, Jimena y Yola. Sin duda fueron nuestra familia por unas semanas. Compartir las cenas, los mates, las charlas fueron hermosos regalos que nos llevamos. Ni que hablar de la familia de Marito que nos invitó a una fiesta de 15 de una de las sobrinas, nos sentimos tan bien junto a ellos y agradecidos por semejante honor. En esta gigante ciudad tuvimos la oportunidad de compartir otro hogar con Indira y Gustavo dos grandes amigos que viajan con su blog bits viajeros.

Ecuador nos llevó a aquietarnos un tiempo en Salinas y en el Hostel Chesco’s  ganamos muchos amigos de diferentes países y experiencias inolvidables. Ronald, Guille, Francisco y los voluntarios Anita, Vinka, Marion y Mili. Los amigos vascos Estivaliz y David con quienes nos sigue uniendo una hermosa amistad. Los argentinos Ezequiel, Paula y Tati.

Quito  también nos recibió con los brazos abiertos: El Hostal Guápulo Inti fue nuestra casa por unas semanas. Angel, Doña Olga y Don Galo. Nuestras amigas Mailin (Venezuela), Anita y Nuriz  (República Dominicana). Cheryl (Venezuela) y Ulla (Alemania) fueron amigas con quienes compartimos hermosos momentos que atesoramos en la bella Quito. Joan es otro de los amigos que habíamos conocido en Salinas y volvimos a ver en Quito. Y Majito una ecuatoriana muy dulce y viajera que tuvimos el gusto de conocernos en persona luego de tantas charlas por internet.

Otavalo nos reencontró con los Rodandoando: Carla, Patricio, Silvio y Marco. Con ellos convivimos en su bus rodante por una semana e ingresamos a Colombia. Seguramente las rutas nos volverán a encontrar algún día. Fue una experiencia muy buena viajar con ellos en su cómoda casa rodante.

Llegó el momento de la hermosa Colombia. Cali nos brindó varios amigos: un vasco viajero en bicicleta, el cual nos visitó por Esquel, Iker, otro amigo viajero al que seguro veremos nuevamente. Otros buenos amigos caleños son Otto y Anita, también compartimos hermosos momentos con toda la familia de Otto. Nos alojaron en su departamento por unos días, noches de juegos, pizzas y charlas viajeras.

Bogotá nos reencontró con Javi un gran viajero quien nos dejó toda su buena vibra y además  alguien muy especial a quien habíamos conocido en un hostel en Buenos Aires: Carolina. Nos recibió en su casa, nos dejó las llaves como si nos conociera de años. Allí compartimos muchos momentos: charlas, cenas, el cumple de su hermana con sus padres. Además la contención de nuestra amiga quedó grabada en nosotros. Es sin dudas nuestra madrina colombiana.

Cartagena nos regaló dos  locas lindas y uruguayas 100%. Ellas trabajaban en un hostel y allí las conocimos y en seguida nos brindaron buena onda. Paseos y charlas en la plaza, mates y alguna comida compartida. Las charlas desopilantes estaban a la orden del día y las risas se escapaban sin medida. Luego de separarnos el contacto siguió y siempre es bueno saber de ellas y de sus aventuras.

Medellín fue esa ciudad que nos recibió muy amable y nos retuvo un par de meses. Llegamos con nuestras mochilas y mientras caminábamos al hostel caían algunas gotas de lluvia, alguien nos ofreció llevarnos en su auto. Esa persona se llama Seled y pensó en su hermano viajero cuando nos ofreció llevarnos. En el hostel Buddha y en La Flaca fuimos haciendo nuevas amistades con las que compartíamos el día a día. Martín con su acento español y su buena vibra nos dio una mano muy grande. Pili y su hermosa familia con Jonh y Juanes. Lina, Karen, Carolina de La Flaca. Marito e Isa del Buddha, Caro y nuestros compañeros voluntarios, los brasileros más copados Edu y Diego.

Medellín nos regaló a dos amigos muy buenos: Juan y Tati. Fueron tremendos anfitriones y buena gente con estos viajeros. Siempre será un placer volver a verlos.

Abril también se cruzó en nuestro camino y nos brindó esos abrazos que vienen también cuando uno está lejos de la familia. Esta barranquillera es de esas personitas que siempre serán parte nuestra.

Y así Medellín no nos soltaba, realmente fue la ciudad que más nos costó dejar, un pedacito del corazón quedó allí y algún día habrá que ir a buscarlo.

Panamá nos recibió con un couch muy copado: Alejandro un gran músico y su novia Eva.

Araceli es una panameña que nos abrió su casa, donde pudimos compartir con su hermosa familia. Siempre nos alegrarán sus logros y los de sus pequeños.

Costa Rica nos recibió muy bien, Rosvin junto a su hermosa familia ,Mara, Alex, Mary y Dipsy y toda su familia, nos hicieron vivir hermosos días. Todos muy alegres y con un gran corazón. Siempre los tenemos presentes a cada uno de ellos.

Y un día, buscando el Río Azul, por causalidad dimos con una familia de una bondad increíble que nos abrió su corazón y el paraíso donde viven. Martin, Sara, Edgar y Ever.

Llegó el momento de seguir hacia Nicaragua. Allí conocimos a Rey y sus amigos. Nos recibió en su casa en un momento del viaje que peligraban nuestros bolsillos. Uno de sus amigos: Francisco tuvo un hermoso gesto que jamás olvidaremos. Nos ayudó con un pasaje para que hiciéramos una excursión a un volcán.

Nuestro paso fugaz por El Salvador reencontró a Pablo con Martin (compañero de la primaria) y su hermosa familia, nos llevaron a cenar unas riquísimas pupusas que jamás olvidaremos.

En Nicaragua habíamos conocimos a una personita que nos cautivó por su forma de ser. Lo adoptamos como un hermanito pequeño: Angelo. Luego nos recibió en Guatemala y compartimos con él su espacio, películas, charlas serias y desopilantes, sus hermosas mascotas.

En Guatemala también pudimos compartir con David y  Jadira. Fueron muy copados con estos viajeros que estaban ávidos de conocer lugares y gente.

Carlos fue una persona con la que trabajamos con el blog y la empresa de buses para la que trabajaba, pero lo que destacamos fue su calidad de persona ya que nos llevó a su casa a conocer a su familia con la que compartimos una tarde.

México nos recibió con los brazos abiertos. Grandes amigos nos regaló esa hermosa tierra: primero Monsse, una aeromoza que nos cautivó con su buena onda y con quien compartimos su cumple (un día después de Gabo) en la Isla de Holbox. Luego nos recibió en la Capital y fue incondicional con nosotros. Sus amigos unos copados también.

En esa isla, otra gran personita nos ganó el corazón: Claudia, una mexicana súper alegre y siempre de buen humor. Compañera de casa ya que nosotros éramos voluntarios en el Hostel donde ella trabajaba.

Playa del Carmen nos recibió en otro hostel muy chévere. Paco y todos los chicos que vivían allí  nos hicieron sentir muy a gusto.

La capital nos reencontró con Monsse y con los padres de Paco. Dos contadores públicos que nos recibieron en su hermosa casa. Fue muy lindo compartir con ellos esos momentos.

Miguel, un viajero nos llevó a disfrutar una cena con mariachis y exquisita comida mexicana, un viajero con mucha buena onda y experiencia viajera.

Karla nos acompañó a un recorrido por las calles de la bella Coyoacán tierra de Frida Khalo. Otra gran viajera que nos hospedo en su hogar y nos compartió su vida fue  Ale una amiga de Iker el viajero que conocimos en Cali, con ella disfrutamos de la noche Mexicana.

Llegó el momento de conocer a Ema, nuestra comadre, con la que estaremos unidos de por vida. Nos reímos y emocionamos mucho con ella, es de esas personas que las adoptas para siempre. Una genia.

Y nuestro destino final New York reencontró a Pablo con Lía (otra compañera de la primaria en Esquel) que vive en New Jersey. Nos recibió en su casa y pudimos sentir calor de hogar en el frío invierno, además de compartir muchas charlas y paseos por la ciudad que nunca duerme, una grande, como Lucy y Beto con quienes trabajamos en New Jersey para seguir adelante con el viaje.

También en nuestro regreso a la Argentina el amor de  toda la gente linda de Ushuaia como Jorge, Alicia, Mary, y todas las chicas que nos visitaron y acompañaron. Obviamente en Madryn y Esquel a la familia y amigos que nos recibieron como siempre con sus brazos abiertos y mucha alegría. Otro gran agradecimiento a todas esas personas que nos siguieron por las redes sociales y siempre estuvieron poniendo buena energía a nuestro camino.

 

 

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