Visita a San Antonio y al Río San Juan

 

Junto a Mara habíamos ido a visitar a su familia en San Antonio, cerca de Los Chiles al norte de Costa Rica.

En dicha oportunidad pasamos por el Puente de las Iguanas, un lugar en el que decena de iguanas de diferentes tamaños se pasean por la vereda de un restaurant y por el puente.

Allí la gente les da comida: restos de verduras y frutas. Es fácil ver a algunas trepadas  a las ramas de los árboles que también les sirven de escaleras hacia las barandas del puente.

Ya en San Antonio, acompañamos a Cecilia a la escuela en la que estudiaron sus hijos y Rosvin. Allí pudimos gratificarnos al ver a los niños “jugando” en el patio (bolitas, al quemado) sin necesidad de estar con celulares.

Cuando estábamos ya con la familia de Mara, surgió la invitación para ir el domingo al Río San Juan a pescar y pasar el día.

Regresamos con Mara a Sucre y ya se comenzó a organizar el viaje, nuevamente a San Antonio. Esta vez viajamos en bus junto a Mara y Rosvin. Nos despedimos de Alex, Maricruz y de los perritos, cargando nuestras mochilas ya que continuarían viaje desde San Antonio.

Llegamos un sábado de octubre y nos quedamos en casa de Cecilia, hermana de Mara. Pudimos conocer a otros de sus hermanos: Virginia (que nos preparó unas exquisitas tortillas rellenas y nos convidó un sabroso café), Bolívar, Wilson y Nelson. También conocimos a su papá: Toño.

Por otro lado los primos de Rosvin que fuimos conociendo son: Vincent, Keny, Génesis, Jairo, Ana Beatriz.

El domingo nos despertamos temprano (en realidad ellos madrugaban y nosotros dormíamos un rato mas). Cargaron la camioneta que tiene por nombre “Palomo”.

Palomo nos llevó por todo tipo de caminos y aunque se le recalentaban las llantas, las enfriábamos arrojándoles agua y así seguía trepando cuestas. El conductor fue Bolívar quien sabia llevar a Palomo por todo tipo de terrenos.

El día en el Rio San Juan estuvo genial. Es un río  ancho, caudaloso y oscuro que no permitió bañarnos.

Tal cual se dice a cada paso en Costa Rica “pura vida” es lo que se encuentra en todo el país: aves de todo tipo, mariposas de innumerables formas y colores, hormigas, monos, etc. Sumado a esto una vegetación exuberante, ríos, arroyos y cascadas.

Regresamos a casa de Cecilia para ducharnos, cenar y descansar. Fue ahí que se nos ocurrió hacer unas pizzas para retribuir la #pura vida (buena onda) de los ticos.

Al día siguiente terminamos de armar las mochilas, desayunamos pinto (arroz), frijoles, huevos fritos, picadillo (un plato exquisito a base de fruta cocida, condimentada). La cocina a leña de Cecilia es uno de esos lugares que te remontan a otra época, a las cocinas de campo, al sabor de la comida casera.

Cargamos las mochilas, nos despedimos de Cecilia y de Bolívar y aunque los conocíamos desde hacía pocos días, costó decirles adiós.

Cruzamos la ruta y fuimos a la parada del bus. Cuando estábamos colocando las mochilas en la bodega  apareció Don Toño a despedirse.

Esta familia tica nos recibió de una forma muy linda, nos ofreció toda su sencillez, un calor de hogar que siempre es necesario cuando uno está lejos de los afectos.

De cada uno nos llevamos algo,  como hemos ido aprendiendo en todo este camino.

Pura vida es lo que se dicen los ticos cuando se saludan, pura vida es lo que identifica a Costa Rica y pura vida es lo que se respira en la gente que se levanta temprano a ordeñar, a cocinar o viaja a otra ciudad por salud o  tiene que irse a otro país por trabajo.

Gracias por todo amigos ticos! Hasta la Próxima!

Gabo y Pablo