Nuestra vida entre una familia tica

 

Viajamos desde San José a Sucre (en las afueras de ciudad Quesada) por alrededor de 2 horas, como era de noche y la parada estaba como en medio de la ruta, le pedimos al chofer que nos dejara en la parada de Sucre y nos dice ¿en cuál? La verdad no sabíamos así que le pedimos que nos bajara en la segunda y justo ahí estaba nuestro desconocido Couch Surfer:  Rosvin.

Nos bajamos, nos presentamos y comenzamos a andar hacia su casa. En el camino le preguntamos que si los padres sabían que llegábamos esa tarde (porque hubo cambio de planes, nosotros llegaríamos 3 días después). Cuando entramos nos dimos cuenta que ya estaban esperando con comida caliente y muchas ganas de charlar.

Allí fuimos conociendo a Alex el padre, Mara la madre y Maricruz la hermanita. Tienen además dos perritos: Dipsy (la juguetona) y Manchita (un perrito más serio).

Esa noche conversamos un montón sobre los lugares que fuimos visitando y ellos también nos contaron de sus vidas, además de darnos  mucha información sobre Costa Rica y  Rosvin nos aportó datos sobre el país vecino  Nicaragua.

Aunque Rosvin nos había dicho que Sucre no es una ciudad turística, todo lugar tiene su encanto y se pueden hacer actividades recreativas. La belleza de Sucre está en ser un lugar en la montaña, con abundante verde y mucha paz.

 

Al día siguiente era el día libre de Alex así que fuimos a andar en bicicleta. Fuimos hasta el puente de “La Vieja” que tiene ese nombre porque una vez, en el antiguo puente que se encuentra junto al actual, se arrojó una mujer desde el mismo.

Llegar hasta allí no había sido difícil porque era una bajada muy pronunciada pero el regreso fue una ardua tarea.

Luego de regresar a la casa salimos con toda la familia a una poza muy cercana en donde nos bañamos en agua muy fría y reconfortante.

Allí se zambullían desde lo alto de las piedras unos jovencitos y también Rosvin, Alex y Gabo.

Las cascadas que se formaban eran dignas de las mejores fotos.

Pasamos hermosos días en Sucre con esta hermosa familia. Nos mimaron con ricos desayunos y comidas y nos brindaron su casa. Los ticos tienen un corazón gigante, nos hicieron sentir como parte de la familia.

Gracias.

Pablo y Gabo