Camino a Cusco.

Miércoles 4.  Despertamos y salimos a averiguar por transporte para ir a Cusco. En realidad el primer proyecto era ir a Puno pero nos encontramos con un par de inconvenientes (relacionados especialmente con alojamiento) que nos hicieron desistir. Otro tema también fue la altura de Puno que está por sobre los 4.000 metros y era una prueba un tanto difícil para mí particularmente.

Desde Ilo no había ningún servicio directo hasta Cusco. Para algunos tramos resulta un tanto complicado contratar servicios pero para contrarrestar esto hay colectivos (autos colectivos), vans o combis que todo el tiempo cumplen los recorridos intermedios para luego tomar un bus.

En lugares como Ilo no existe un lugar con todas las empresas de transporte, están ubicadas sí en un radio del centro y hay que ir recorriéndolas una a una. Es muy común escuchar la oferta continua de viajes a tal o cual lugar así que no fue problema conseguir.

Almorzamos dos platos bien peruanos: tallarín saltado, arroz chaufa, wantam frito y pollo tipakay.

Este último plato me encantó porque es dulce, pollo rehogado en una salsa de tamarindo.

Es de destacar en todos los lugares los carteles indicativos de “zona segura en caso de sismos” o pintado en las calles “Tsunami, ruta de evacuación” bien visibles.

Realmente, a pesar del poco tiempo que estuvimos en Ilo, nos gustó mucho: ciudad pintoresca, costera con un puerto repleto de botes, embarcaciones y los famosos pelícanos a quienes no teníamos el gusto de conocer en vivo y en directo.

Caminando por la rambla nos sacamos fotos con una joven en las letras alusivas al pueblo: I L O. Viajeros Copados ya es una marca registrada y tiene su público jaja. En el paseo nos detuvimos a charlar con Roberto, el dueño del emprendimiento “Raspadillas Jovi” quien se prestó para una charla muy amena. Las raspadillas están hechas a base de hielo molido al que se le agregan diferentes salsas de frutas: mango, frutilla o fresa (como se la conoce en Perú), tamarindo, maracuyá. Son muy ricas y refrescantes.

También conversamos con Virginia, una joven que vendía los famosos helados “Donofrio” y accedió a prestarnos su carrito.

Regresamos luego al Hotel a retirar las mochilas para tomar la combi que nos llevaría a Arequipa. Debemos contarles que viajamos con nuestras cortas piernas apretadas por el escaso espacio entre las filas de asientos. Les aconsejamos a los más altos a  solicitar los asientos de la derecha para poder viajar más cómodos.

Los paisajes fueron muy variados y pudimos observar cientos de hectáreas con plantaciones de arroz. Luego de 3,30 hs. Llegamos a Arequipa. Eran las 19 hs. y ya estaba oscuro. Teníamos que ir al Terrapuerto (para buses de larga distancia) que se encuentra a escasos metros de la terminal de buses.

Pudimos dejar las mochilas en las oficinas de la empresa hasta el horario de salida, aprovechamos a tomar unos mates y degustar unos panecillos muy sabrosos. Y tal cual nos lo habían dicho en una botica (farmacia) tomamos la sorojchipils (pastilla para el mal de altura).

Contratamos un muy buen servicio con coche cama, con un servicio excelente: asientos reclinables a 180 °, cena, mantas, películas y wi fi en casi todo el trayecto a Cusco. Salimos a las 20:30 hs y arribamos a las 7:00 am. Eso es materia de otro post.

Muchas gracias, Gabo y Pablo.