Bogotá: una capital amigable

Antes de contarles de nuestra estadía en Bogotá nos remontaremos unos meses atrás, allá por enero de 2015. Estábamos en Buenos Aires a días de partir hacia Perú, nos habíamos hospedado en el Hostel Petit Recoleta  y una mañana, desayunando al lado nuestro, se sentaron tres hermosas mujeres: Carolina, Francy y Ninfa la mamá de las chicas.

Como es muy común en los hostels comenzamos a conversar e intercambiar información de los sitios a visitar, entre otras cosas. Desde el principio nos hablaron de su país y sus bellezas, Caro nos pasó el contacto de un hostel de un amigo en Bogotá.

Pasaron los días y nos hicimos amigos en el Facebook, recibimos mucha buena información de Colombia, sus costumbres, sus comidas  y nos fue despertando el interés por visitar la hermosa tierra del café.

Pasaron los meses y llegamos a Colombia. Ingresamos por el sur, por Ipiales y desde ese momento los mensajes de Caro estuvieron presentes. “Chicos cómo llegaron, cómo andan…“.

Unos días antes de partir para Bogotá le pedimos la info del hostel de su amigo y ella nos dijo “noooo chicos ustedes se vienen a mi casa, así no gastan”. Mis ojos se parecían a los de la lechuza y le digo a Pablo: “nos invita a su casa…”

La noche que salimos desde la terminal de bus de Cali, Caro nos había enviado un mail con el paso a paso de cómo llegar  y puedo asegurar que fue tan profesional como los itinerarios que te envían las agencias de viajes.

Llegamos con el bus a la terminal Norte  de Bogotá y nos tomamos el Transmilenio (al cual le vamos a dedicar un post aparte, es el sistema de transporte integrado super útil y conectado de la ciudad). Nos bajamos una estación después y como se había quedado sin batería el celular, tuvimos que caminar hasta un shopping en el que pudimos conectarnos y ver el mail con la información. Volvimos a la estación y nos tomamos una de las bici-taxis. Pobre señor el que nos llevó a los dos con las 4 mochilas. Su precio fue más alto pero creo que cuando nos dejó frente al edificio en que vive Carolina habrá pensado “nunca más llevo viajeros”.

Llegamos al edificio, ingresamos al departamento,  ya era medio día. Ansiábamos una  cama para descansar. Caro llegaba tipo 6 de la tarde  y nos había dejado una guía de Bogotá, comida, toallas y hasta Yerba Mate que había traído de Buenos Aires ¡que mejor recibimiento podíamos tener!.

Dormimos un rato y luego cuando llegó por fin el encuentro, nos abrazamos y charlamos. Luego nos llevó a un restaurante Crepes and Waffles, en el que cenamos Panne Cook, un delicioso pan Francés relleno, una delicia que no pudimos terminar. Este lugar tiene una linda historia ya que surgió como idea de una tesis de universitarios. La empresa emplea sólo mujeres sostén de hogar, la atención es excelente y se percibe la diferencia.

Tenemos que resaltar la buena onda de los rolos (la gente de Bogotá) para con nosotros. Desde los porteros del edificio, los agentes públicos, la gente en la calle. Fuimos justo para la época de la Copa América que se jugaba en Chile. Fue uno de los temas de esos días y ni que hablar del partido Argentina-Colombia. La experiencia de verlo en el Parque 93 fue increíble, la adrenalina que sentimos al ver el encuentro frente a todos los colombianos fue genial. Este parque se encuentra en Chapinero y es un lugar de encuentro para el arte, la cultura y las tendencias.

Carolina “Caro” no sólo nos trató como de la familia sino que también nos ayudó con el seguro de viajes. Resulta que llevábamos un tiempo sin seguro y aunque ella nos había dicho donde trabajaba no nos habíamos percatado de consultarle. Un día hablando sobre el tema nos interrumpe y nos pregunta “necesitan seguro de viaje?” y sin más preámbulos mandó un e-mail a su compañero y al día siguiente teníamos la cotización. En pocas horas teníamos el tema solucionado y fue un gran alivio para Viajeros Copados.

Una tarde que salimos de paseo con Carolina,  nos llevó a uno de los mejores miradores para apreciar la ciudad, el piso 48 de la torre Colpatria. La anécdota fue que justo ese día estaba la marcha del orgullo gay, nos quedamos un rato mientras la marcha avanzaba y nos tomamos unas fotos muy divertidas.

El recorrido continuó por la Candelaria, en donde sus construcciones mantienen la fachada colonial y sus callecitas empedradas y angostas nos regalaron hermosos murales.

Al igual que Anita de Cali, Carolina tenía el propósito de que probáramos todas las comidas típicas de la región y al regresar de cada cena aprovechábamos a caminar un buen rato.

Otro de nuestros anfitriones fue Javi un gran amigo que habíamos conocido por instagram, viajero también  que ama su ciudad y nos hizo de guía de su ciudad.

Con él nos fuimos a pasear por la zona T  que es la de los bares y restaurantes, también a recorrer algunos de los centros comerciales más lindos de la ciudad. La verdad es que todas estas cosas hacían que nuestra estadía fuera la mejor experiencia que nos daba ganas de quedarnos en Bogotá.

Siempre decimos que las ciudades siempre están ahí: sus edificios, monumentos, parques, pero el ingrediente que hace que la experiencia sea única e irrepetible es su gente, la que te cuenta esas historias que pocos saben,  lugares donde se come “lo típico”, te narran las historias más locas y atrapantes.

Javi un “copado” (chévere, buena onda) que hasta el día de hoy nos manda mensajes para ver si necesitamos algo, nos pregunta cómo va el viaje, etc.

Caro es una mujer con una energía de la hostia (como dirían los españoles), una gran amiga que nos regala este viaje y esa persona que hizo que Bogotá nos haga regresar nuevamente.

Gracias bogotanos!

Pablo y Gabo